LADRILLAZO:
Era mi segundo ultra separado en apenas 2 semanas. Si en Leitza dejé mi marca de kilómetros en 65, esta vez iban a ser 100 a los que me tenía que enfrentar. Era una prueba a la que le tenía ganas desde hace 2 años cuando me desplacé a verla. Muchas dudas invadían mi cabeza. Las dos principales: ¿Cómo afrontarla? ¿Lograré acabarla? Con esas dudas me presenté en Ondategi junto con David e Ibisate (¡mucho ánimo a los dos!) y enseguida me junté con el resto de la tropa. Muchos comentarios lúdico-festivos que denotaban nervios, muchos nervios.
Nada más darse la salida, me revoluciono buscando una posición en carrera cómoda. Casi me veo saludando a Javi Dominguez jaja. Iniciamos la carrera a un ritmo muy alegre Álvaro, Txingurri, Borja, Tortxu, Victor y yo. Mikel iba ya por delante. La subida al Gorbea nos pone a cada uno en nuestro lugar. Mi lugar, ya lo siento Tortxu, coincide con el tuyo a lo largo de toda la subida al Gorbea y a la postre de toda la carrera. Así pues, subimos el Gorbea tal y como Tortxu no tenía planeado, es decir corriendo cuando las sensaciones lo permitiesen. Llegamos arriba acompañados de un inmenso pasillo de gente ¡alucinante! y de una tormenta que nada tenía que envidiar a las tormentas de arena del Sahara. Allí estaba Victor haciendo fotos con claros síntomas de hipotermia. La bajada la comanda Tortxu. Desde ese mismo momento sabía que era mi rueda y desde ese mismo momento sabía que íbamos a hacer la carrera juntos. ¡Cómo me llevo hasta Ubidea! El seguir su ritmo me vino bien para en un zancada pisar con el tobillo a 90 grados perfectos con el suelo y retorcérmelo y en otra para probar el aterrizaje de culo en piedra.
Pues bien, los kilómetros pasaban entre conversaciones seguramente absurdas. Hasta me arranqué con alguna canción : “ikusi mendizaleak, baso eta zelaian…” Tras el tramo de pista y pista llegamos a Otxandio donde nos esperaba Juan con su cámara. Yo como. Tortxu descome. Yo lo hago por el agujero superior. Tortxu lo hace por… Salimos de Otxandio con la moral por las nubes. El cielo estaba raso con la luna como protagonista, con lo que a saber dónde estaba nuestra moral, porque nubes no veíamos. Era tanto el disfrute y tanto el gozo, que llegamos al siguiente “avituallamiento. Tortxu tuvo la brillante idea de pensar en alto: “mataría por una coca-cola”. Y acto seguido apareció una botellaca de coca-cola debajo de la mesa. ¡Subidón! Subidón dentro de la tensión que llevábamos, porque ambos llevábamos los frontales temblando y decidimos alternar nuestras luces. Salimos del avituallamiento por una pista de hormigón. ¿Hormigón? “Tortxu, ¡Que estamos ya en Urkiola”! Qué rápido se nos habían pasado los kilómetros. Íbamos disfrutando. Bordeamos Urkiolamendi al son de chorrada tras chorrada y sin apenas encender los frontales. Y tras superar este tramo un poco pestosillo, llegó la imagen de toda la Hiru Haundiak: el Anboto de noche iluminado de frente por la luna. “¡Ahora no os parareis a hacer fotos no!”. Ya estaba en mítico voluntario jodiendo el momento, yo que me iba a declarar…
Pero tras esta impactante imagen, comencé a ponerme nervioso. La subida y sobre todo la bajada del anboto se acercaban. Además en la aproximación a la subida por un senderillo un poco “joputérrimo” (teníamos el camino hecho y derecho a la izquierda) notaba que si me quedaba muy atrás de Tortxu no veía nada. Le tuve que decir una vez: “Oye, más despacio que no veo jaja”. Y de repente, de frente, el Anboto. Lucecillas por arriba nos mostraban el camino de subida. La subida la hicimos juntos ambos, pero en la bajada Tortxu se me escapó. Pero muy gentilmente, nada más acabar la bajada, allí estaba, esperándome. Le pregunté: “¿Llevas mucho tiempo aquí no?” Su respuesta fue: “No, solo un minutillo”. Me di por respondido. No se había puesto la manta térmica de milagro. Así pues, proseguimos.
Le comenté que ahora teníamos un tramo de 20 minutos de zapatear. Pues bien, no llegó ni a 5 minutos y ya estábamos en el famoso avituallamiento de Zabalandi jajaja. “Me molan tus 20 minutos Basti”. Pues para que veáis, estos 5 minutos dieron para un gesto GRANDIOSO de mi compañero Tortxu. Nos encontramos a otro compañero gasteiztarra con los gemelos subidos y acalambrados. ¿Creéis que dudo en pararse no? Se paró, le preguntó por cómo estaba y le dio pastillas de magnesio que seguro le fueron de cine. Pues Tortxu, si te molaron mis 20 minutos, a mí me moló ese gesto.
¡Y seguimos! Ahora tocaba subir a Orixol. No había un monte mejor para asentar y si acaso agudizar el jodimiento causado por el Anboto. Un monte precioso, muy variado, muy bonito, etc. Pero había que levantar la pierna mucho. Y más si te sales del camino y te metes en una vía de escalada nivel profesional jaja. El caso, es que llegamos arriba y como todo lo que sube, pues baja. Pero esta bajada ya no era como la del Gorbea, por ejemplo. Me notaba muy cansado: los ligamentos de las rodillas me alertaban y empezaba a encontrarme vacío. Tampoco sincronizaba bien las piernas. Digamos que estaba consiguiendo lo que nadie recomienda: llegar hundido en la miseria a Landa. Y así fue. La siguiente subida a Jarindo acabó por hundirme y a pesar de los intentos de Tortxu por que no decayera y porque mantuviera el ritmo al aliento de: “venga Basti, vamos de puta madre. Donde se puede correr estamos corriendo y andando vamos rápido”. Luego me dijo que llevaba una cara que reflejaba tal y como iba. En este tramo y faltando 3 kilómetros para Landa, nos pasan Pablo y Aitor del Manuel Iradier. Los ánimos de Pablo los recordaré siempre: “¡Llega a Landa y descansa, come y descansa! Y sobre todo una cosa ¡No abandones, que si no tienes un año para oírme” No se me había pasado la idea de abandonar por la cabeza, pero sí lo mal que lo iba a pasar de Landa hasta Araia.
Estoy ya llegando a Araia. Tortxu ya me había sacado algo más de 1 minutazo en 20 metros. Pero algo empieza a cambiar. Veo a dos amigos que no esperaba ver. ¡SUBIDON! Veo a mi Padre que tampoco esperaba ver (no le avisé porque de lo mal que iba pasaba de que me viera nadie). Sus palabras de ánimo fueron: “¿Vas a seguir hasta el final?” “Bien papa bien, te has coronado” (pensé). Aun así ¡SUBIDÓN! Como digo, esto empezaba a cambiar. Como de la ostia, me hidrato de la misma forma y me despido de mi padre. Quizás me enrollé un poco, ya que de fondo oía a Tortxu: “¡Vamos Basti!”
Comenzamos la segunda parte de la Hiru. Yo todavía no había experimentado físicamente el subidón, pero tras las primeras cuestas le dije a Tortxu que quería correr un poco para reencontrarme. Lo hice. Y aquí da paso mi verdadero disfrute. Y como dice Txingurri, pues aquí lo de siempre: molino va, molino viene, y los molinos que no asustan. ¿Estos eran los temidos molinos? Me rio yo. No sé si de que tan duro me los pintaban, me los imaginé terribles. Sin duda fue un tramo que disfruté a tope con Tortxu y con Alberto. El tramo peor vino seguramente en el acercamiento a Urbia. Un tramo muy pesado que no sabes si correr o andar. Llegamos a Urbia y empiezo a sentir los mismos síntomas que antes de llegar a Landa. Por lo que decido hacer parar a Tortxu algo más de lo normal en el último avituallamiento de Arbelar. Como de nuevo a tope y subida para arriba. Tortxu me marca un ritmo de subida muy bueno. Sin asfixiar y sin dormirnos. Llegamos arriba y ya vemos que tenemos el sub16 más que asegurado. Aun así Tortxu se viene arriba y lanza un órdago: “Ahora bajando nos comemos a todos”. Hace que yo también me lo crea y empiece a bajar como nunca lo había hecho. Es decir, con seguridad y con algo de soltura y sin miedos. No obstante veo que Tortxu, que se me queda atrás y considero que no puede perder mi referencia. Así los dos bajaríamos mejor, es decir, juntos.
Y así acabamos la carrera, JUNTOS, HACIENDO LOS 100 KM JUNTOS. Compartiendo diálogos absurdos y en la parte final hasta compartido mala ostia. Yo puse la mala ostia y Tortxu la paz. Me puse de mala ostia, porque iba cojo por una mega-ampolla y los kilómetros no avanzaban, parecía que se multiplicaban.
Aun así un inmenso placer, una inmensa alegría el haber convertido mi primera carrera de 100km en una experiencia vital y no precisamente en una competición, con un tiempazo y acompañado toda la carrera de un grande de esto. Seguro que sin él, no podría haber parado el crono en 15h43m ni disfrutado tanto. Me quedé admirado del control que tiene sobre todo, dominó en todo momento la situación, a la montaña. Y lo más importante, siempre me transmitió positivismo y tranquilidad. Sobre todo tranquilidad. Justo lo que me faltaba mi,

GRACIAS TORTXU. SÉ QUE SI HUBIERA HECHO LA HIRU SOLO, NO TENDRÍA EL RECUERDO QUE TENGO AHORA PARA TODA LA VIDA.