CRONICA DE LOS 10 MONTES DE VITORIAEra el objetivo montañero de la temporada y así sucedió todo:
Sobre las 5 de la mañana nos juntamos en los frontones unos cuantos del 42 y seguidamente al autobús. Había que animar un poco el cotarro durante el viaje y así lo hice. Echamos algunas risas.
6 de la mañana. Salida en el pueblo de Azaceta. La carrera empezó muy muy rápida, pero a diferencia de otras carreras en las que me contagio de esa energía en la salida, en esta mantuve la calma y fui poco a poco buscando sensaciones. No había hecho nunca más de 42 kilómetros en montaña y no me la quería jugar.
Mucho mucho barro en el terreno nada más empezar, tónica habitual en todo el recorrido. Esto supondría una sobrecarga extra para las piernas y eso me hacía ir más que conservador.
Los primeros kilómetros los compartí con Tortxu y Juanjo. No me paraban de repetir que esto era largo y que tuviera paciencia. Y así lo hice. Llegando a Kapildui en el km 12 decidí que era el momento de empezar la carrera. El cruzarme con la gente conocida en ese tramo me dio mucha fuerza moral y quizás ese subidón es el que me impulsó a “jugármela”.
Pero una cosa tenía clara, me lo iba a tomar como si estuviera en un entrenamiento, haciendo absolutamente lo mismo, esto es: olvidándome de la gente, bajando el ritmo para beber agua y comer y siempre a un ritmo constante, sin embalarme en las bajadas ni arrastrándome en las subidas.
La estrategia no me pudo salir mejor. Pasaba y pasaba a gente. No iba rápido, pero mantenía un ritmo trotón pachanguero muy muy constante.
La subida hasta el alto de Okina ya me hacía ver que iba a ir bien durante bastantes kilómetros más, pero debía mantener la calma. Estaba tan a gusto que me di el gustó de subir por la mitad del río, mientras los demás lo esquivaban por el exterior jeje. Es en el alto de Okina donde estaba Galván cámara en mano para darnos ánimos e inmortalizarnos a Higinio y a mí. ¡Gracias Iñaki!
La subida a Pagogan fue dura, pero sabía que tenía que sufrir un poco, ya que luego vendrían kilómetros para correr. En este tramo hasta Lendiz, me pegué como una lapa a Alberto Oses. ¡Qué gran ayuda! Me llevó en volandas.
En el ascenso a Lendiz hubo tiempo hasta para las presentaciones con Txingurri, al que no conocía en persona.
Ya en el Pto. Vitoria, miré el reloj y asombrado hice cuentas y ví que la posibilidad de las 6 horas estaban ahí. Sin duda el haber empezado tranquilo, el comer y beber cada poco tiempo y el llevar un ritmo constante estaban dando sus frutos.
Decidí entonces que era momento de dar una vuelta más de tuerca y aumentar el rimo subiendo Arrieta. Llegar arriba fue como un gran subidón. Había subido a los ritmos que solía hacer entrenando y me veía bastante entero. Pese a este subidón, el tramo favorable a Zaldiaran me lo tomé como toda la carrera, tranquilo.
Pero la subida a Zaldiaran me fue poniendo en aprietos y la subida a Busto me acabó por rematar. Pero fue pasar Busto en 5h y saber que las 6h estaban todavía ahí. Solo tenía que dejarme llevar corriendo. No obstante, la bajada de Busto fue una sorpresa en forma de mucho barro y toboganes. La impotencia de no poder correr, hacer toda esa parte casi andando y el no saber donde estaba, empezaron a dar vueltas en mi cabeza.
¡¡Hasta que enlazamos de nuevo con el camino de Zaldiaran!! Entonces volví a recordar que si mantenía un ritmillo constante corriendo iba a estar muy cerca de las 6 horas. Así lo hice. Bajando Zaldiaran rumbo a Ezkibel me encontré con Endika, quien me dio ánimos y un poco de agua milagrosa.
Ya en la última subida a Ezkibel, con Aitor abriéndome paso y dándome también ánimos, hizo que diera lo último que quedaba de mí y llegar a meta en un inmejorable 6h4m.
Había completado mi primer ultra.
¡Muchas gracias a todos por compartir entrenamientos previos y/o kilómetros en carrera!